¿Me quieres?




Ahora si yo te pregunto "¿juegas?" ya no podrás decirme "solo" porque no sabré si te refieres a que quieres jugar solo o a que te apetece mucho porque lo único que haces es jugar. Imagínate si cambiamos la pregunta por "¿me quieres?".

Hermes. 15 de noviembre de 2010

CIEN

He tenido que escribir CIEN veces CIEN que no he escupido tantas palabras por nadie como por ti.
Hasta esta última casualidad que es abrir mi libro por la centésima parte de la historia, me grita que no he conocido nunca a nadie como tú.

Que no consigo odiarte de las ganas que te tengo y que son CIEN las hostias que volvería a darme en esta eterna serendipia que es tenerte cerca y lejos al mismo tiempo.

Son CIEN las canciones que suenan a la vez cuando hasta el agua de la ducha me recuerda aquella noche. Y CIEN son las ganas de caerme por el barranco de tus palabras habitadas, que son pocas pero repletas.

Quiero ser el verbo de tus años 90, el cromo que nunca hemos tenido, el Tamagotchi que perdí en dos mil cinco. Quiero ser tu Capitán Planeta, tu Bollicao en la merienda, y en la cena, y en el desayuno.

Quiero ser tu Cadena CIEN, las CIEN pesetas de tu bolsillo, las CIEN veces que he soñado con darte las CIEN caricias diarias que te mereces.

CIEN.

Resultado de imagen de tamagotchi

Diego

El huracán





[17:42, 1/9/2018] Alex Sanchez: Las personas huracán
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: te llevan bien alto,
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: pero luego caes
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: y quedas aturdido por el meneo
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: y claro, duele.
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: Pero un huracán es un huracán.
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: Nadie dice que no a un huracán... al menos una vez.

Álex Sánchez

Microhistoria


Pensé en gastar mis yemas tecleando algo largo y terapéutico como tu sexo.

Pensé en pasar la tarde de domingo borrando mis huellas dactilares arañando las paredes.

Entonces recordé que necesito mis dedos para garabatear tu espalda...

Fin.

Diego.


Every day is Christmas


Cuando era pequeño...

Cuando era pequeño mi padre solía poner villancicos en nuestra "maxi" cadena musical. Era tal la incomprensible rabia en mi, que recuerdo hasta golpear el aparato mientras mi padre sonreía.
Quién me conozca hoy en día, quizá no se crea este recurrente recuerdo navideño. ¿Por qué?

Porque he tenido la suerte, de tener a mi lado "pocos" pero importantes elfos que amaban la Navidad, y con los que, especialmente uno, aprendí a ver "el nacimiento" con otros ojos. 

La Navidad no es solo consumismo, perfumes caros y luces (bueno, luces si). Es ese momento del año en el que lo irremediablemente naif, se hace con nuestras oscuras tardes de invierno, y  en el que tus vanagloriados amigos hablan de beber vino caliente y de lo mucho que odian las reuniones familiares.

La familia no es imprescindible en Navidad. No hace falta cenar en casa en Nochebuena. Yo lo he probado y es algo tan mágico como el vino caliente. No tienes que regalar nada si no quieres. Y las luces... bueno, las luces no son opción, van irremediablemente con las noches oscuras de Navidad.

Mis fiestas a los treinta y uno, son de buen vino, queso, villancicos rancios de Mariah Carey y amigos grinch que sonríen cuando ven como miro mi abeto lila de Navidad con ilusión infantil. Y jersey hortera, y muchos complementos, y abrazos.

He tenido amor en Navidad, y solo me permito utilizar esa palabra abiertamente en estas fechas. He abierto regalos bajo el árbol mientras comía bombones, he conocido la tranquilidad de un salón iluminado y las noches de reyes, tonteando contigo en la barra de un bar. He celebrado fines de año anti-familia con mi burrita catalana y he ido a comer al Foster Hollywood con el niño Adrián, mi hermano. 

Pero si las disfruto tanto, es porque sin duda sé lo que es pasar un diciembre negro bajo los fríos gritos de una casa nada, nada navideña. Y es por eso que ahora que he construido mi particular retiro festivo, dónde la amistad, la solidaridad, el amor, la bondad (y las luces) reinan, adoro todo lo que rodea a esta tradición, a mi tradición.

Y decir que el espíritu navideño debería estar presente todo el año, es como quitar un libro a un niño el primer día que comienza a leer. 

Por eso mañana, volveré a abrir el baúl de mis antiguas fiestas de Navidad, y bailaré encima del sofá cualquier mierda de Michael Bublé, con una copa deloqueseaperomuynavideña en la mano, mientras disfruto de la familia que en ese instante elija. Pondré después los villancicos de mi padre, y golpearé con fuerza al Caga Tio mientras todos sonreímos. Los que estamos, y los que no.


Dié



Te conoce mi familia

Te conoce mi familia.

Eres todos los años de guerras estúpidas fuera de mi país. Cuando mi país es lo que piso cuando acaricio tu nuca al despedirnos.

Te ha visto mi hermano allá por el 1874, cuando todavía soñaba que los tres reyes magos te traían. Bendita mirra. Te ha visto él, que nunca pronuncia cosas complejas. Ha visto lo cotidiano en nuestros ojos y me ha preguntado, perplejo, que clase de Dios eras exactamente.

Mi madre Martirio, es especialista en sonreír cuando oye la palabra Madrid. Es la capital de todos los recuerdos dolorosos que le encanta relatar mientras comemos, con vino. Mucho vino.¿Recuerdas? Ella si. Lo hace todas las putas semanas.

Tengo otros dos hermanos que te quieren y odian a partes iguales. Se han dado cuenta de que no hay nada más estable que la inestabilidad que me produce tu presencia. Una tiene miedo, el otro insiste en que me haga ese tatuaje, que dices querer. 

Mi cuarta hermana, desde Lugo, no dice nada. No hay nada que decir. Igual que cuando nos vemos los quince segundos que me parece que dura el momento en que te tengo delante y solo consigo mantenerte la mirada durante dos.

Mi tía sonreía la semana pasada, cuando insistió en preguntarme por mi Estado. -Vivo fuera de él; le dije; y solo atravieso su frontera en tren, cuando la copa rota de mis noches, me incita a comprar un ida y vuelta.

He aprendido a vivir "integrando" y a pesar de que las matemáticas nunca fueron lo mio, estoy "derivando" todos nuestros encuentros al baúl del destino truncado. Tras 48 horas cruzando la frontera más gruesa del mundo, comienzo a llorar. Las fresas salen muy caras cuándo no están de temporada, me dijo esta tarde Aitor.

Ya hace mucho tiempo que no te espero. Y sin embargo tampoco he tenido éxito en la búsqueda de tu sustituto. Como quién pretende ganar la liga con un suplente. Y comienzo a pensar que eres mi relación verdadera, y el resto, amantes con los que serte infiel.

Las cosas me van bien, aquí por el norte. Trabajo mucho, me conoce la gente ¡Al invisible Diego! y he hecho buenos amigos. Pero esta tarde, contento, me he dado cuenta de que no voy a conocer nunca tus pequeñas manías, no te veré de traje ni conoceré a tus primos. No sé cuantas veces pones la alarma de tu despertador, ni si haces mucho ruido cuándo... bueno... ya sabes.

Descuida, te conoce mi familia. Y sabe que no soy sin ti, y que las cosas están mejor con alguien como tú rondando mi presente, desde tan lejos, en el pasado. Bailando todavía Sabina y construyendo pequeños momentos hechos de píldoras de quince segundos. Nuestra vida seguirá, y no vestiremos de  levita, pero siempre seremos nosotros, levitando sobre la rutina. 

Arosa

El puto miedo

Me sorprende como el miedo, a pesar de ser irracional y llevarse mal con el aprendizaje, se atrinchera cada año, más cerca de nuestras pasiones.

Y ahí está, cuando te levantas una mañana y crees que la vida es rutina y tortura. Esa mañana que dejas que salga de la boca (de qué más da quién) un "hasta siempre" o un "esto es demasiado para mi". Es el miedo que grita desde tu oficina, cuándo suena el teléfono y ya no es ella, porque te has despedido muy antes de tiempo.

Aparece también cuando está casado, y tiene dos hijos, y te dice que ya solo piensa en ti mientras elige las cortinas de su nueva hipoteca. Y le tiembla la voz, y le gritan los hijos, y te lo dice pero no da el paso. ¡Pasos a mi edad!

También se esconde en esa Navidad en la que le coges la mano y gritas ¡Huyamos!, en cualquier antro de una gran ciudad, de Bilbao, por ejemplo. El puto miedo.

Y qué me dices de aquel amor del pasado. Aquel amor dormido que regresa una decena de años después. Y todo está preparado, y cae en tu cama, pero no en las redes. Porque hace diez años no tenías miedo, te gustaba, la amabas. Pero ahora eres ese manojo de miedos que te comiste un domingo cuándo ella se marchó con otro. Y vuelve a ser un "nunca" en tu cuaderno.

Puedes pensar que el miedo se construye sobre tus pasados, pero nada más lejos de la realidad. Porque últimamente, también se asoma en las nuevas caras. Y quizá, no es buena idea abrir otra caja de Pandora... y dejarlo salir. Y no acudes a la cita, y si lo haces no vas a la segunda... porque... ¿Tienes miedo?

Claro que no lo tengo. Es que no me apetece, es que estoy mejor sola, es que para que complicarse.

Y le llamamos madurez, y nuestras rodillas permanecen intactas, sin cicatrices... como nuestro amor propio.

Y le llamamos felicidad, cuando en realidad... es confort... ese puto confort, que es peor que el propio miedo, que va siempre de la mano y que nunca, nunca, nos permitirá cometer un error. ¿Seguro?

Dié

O que me vai facer famoso

O que quero que vexas

¿De qué quieres trabajar?

Todo huele diferente. El primer día me tomé un vermú. Técnicamente ese día todavía estaba de alta en la empresa de fabricación de bloques en...