Cuarenta.
Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego.
Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bien. No me refiero a tus notas, a tu esfuerzo por cumplir unas expectativas absurdas e impuestas, me refiero a que eres un buen tío. En la balanza de la vida has recogido más pena que alegría, pero eso cambiará cuando puedas ser tú mismo, cuando entiendas que no hay nada malo en ti, que esa sensibilidad es la puerta de entrada a unos valores que te harán ser muy rico, muy muy rico.
No tenemos mucha pasta y estudiar tanto no te ha dado ese descapotable con el que soñabas. No, no es ese tipo de riqueza. Si puedo decirte algo desde este lado, es que tendrás un primer despertar en el que creerás que tus padres están equivocados. Spoiler: lo están.
El dinero y la familia no es lo importante. Sigue ese camino que empezaste en tu primera manifestación, en tu primera lágrima de felicidad por el cariño de tus amigas, en tu primera revolución. Lo colectivo te salvará.
Tu riqueza es justo lo que critican tus mayores: tus valores, tu identidad y el amor por los demás. Llegará un momento que te dará igual lo que piensen y aunque tardarás, entenderás que no tienes que sostener el dolor de aquellos que no te sostuvieron.
Vivirás grandes amores y te dolerán. Entenderás que ser libre y querer sin esconderse tampoco está vacío de heridas. Pero sanarás y aprenderás a querer sin hacer daño, a dejar que las personas entren en tu vida y verás que no pasa nada, que te caerás y te levantarás y lo harás porque eres fuerte.
Con cuarenta años no te librarás de los insultos por la calle, pero los recibirás con la cabeza alta y entenderás que ser maricón no es un pecado, que hay un lugar en la tierra para ti y que el cielo es para los cobardes. Dios te abandonará pero ya no lo necesitas.
Hay muchas personas cómo tu, hay gente que ama lo bello, que lee, que siente cada gota de lluvia y a pesar de que pasarás muchos años con el corazón dentro de una piedra, tendrás quién lo libere, quien te acaricie, quién te acune.
Los problemas gordos vendrán siempre de quién no debería. Eso te hará entender que puedes construir un hogar a tu manera. Te rendirás. Pensarás que la familia no es para ti, pero cuando menos te lo esperes estarás a salvo.
Ya de mayor, de bastante mayor, se desbloqueará lo que ha pasado. Entenderás que el acoso, la negligencia emocional, el maltrato, la homofobia... han hecho mella en ti, pero has heredado una inteligencia tal, que encontrarás las herramientas para perdonar, perdonarte y construir un palacio sobre las ruinas.
Nunca estarás solo. Tendrás miles de amigos y amigas que forjarán relaciones profundas y significativas. Serán tu mercromina, tu almohada en las noches de pesadillas, tu soporte cuando sientas que no sirves. Ese faro, la amistad, alumbrará tu camino lleno de fiestas, amor, viajes, confidencias, libros, música, festivales, borracheras y sueños. Porque eso que estás soñando no es imposible:
Allá por el 2011, España ganará el mundial, y eso a ti te la sigue soplando, pero conocerás a un chico que te llevará al lugar que pensabas imposible. Podrás besarle delante de otras personas, podrás casarte y vivirás en una gran ciudad en la que subir a esos trenes que tanto te gustan, de la mano de tu marido, aunque sea algo que ahora te parezca imposible. El dolor cesará.
Te replantearás si nunca quisiste ser padre por convicción o porque te arrebataron la posibilidad. Serás padre. Serás padre desde el lugar dónde te es más afín: desde la no pertenencia, desde el amor incondicional de quién sabe que un hijo siempre se va, desde el dar sin esperar nada a cambio. Y cerrarás el círculo. No sabemos aún que ocurrirá pero ese bebé ha desbloqueado otra parte increíble de ti, porque si, siguen pasando cosas maravillosas con 40 años.
Te cuento todo esto con el afán de que puedas relajarte. La ansiedad sigue acompañándonos pero cada vez con menos fuerza. No hagas caso a tus padres, no hagas caso a la televisión, ni a los hombres heterosexuales (ya aprenderás esa palabra). Aunque suene cursi, en realidad la respuesta está en tus emociones, escúchalas con calma.
Y recuerda: nuestra vida solo es nuestra y aunque tienes derecho a equivocarte, permítete elegir aquello que sientes y piensas, por encima de lo que te digan los adultos, que en verdad, no tienen ni puta idea de nada.
Te quiero Diego. Saldrás de la espiral para convertirte en certeza.

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