Abril

Anoche escuchaba el tambaleo de tambores rodando por mis marzos. Era la sangre espesa por mi vena cava, palpitando primaveras. Anoche lloraba la rabia en mis adoquines, goteando de color blanco angustia. 

Los meses impares son como paredes encaladas perpendiculares, cortando las buenas rutinas y las malas pasiones. Los meses con M son asfixiantes a excepción de mayo, que precede las íntimas pasiones de los veranos en mi ciudad.

Llevamos apenas dos horas y media de abril. Dicen que la Virgen prefería abril, pero estoy seguro de que un andaluz optó por dejar ese mes para la feria. Sábados de gloria, jueves benditos y pascua de tus ojos. 

Suda el sexo cansado de no pensar y hablo del superior, cuándo a sexo me refiero. Volteo la cabeza hacia el cabecero de mi cama. Blanco marzo. Supongo que abril viene cuando uno lo desea muy fuerte. Abril de mis amores, que riegas con agua verde el blanco marfil de todos mis pasados, con precisa emoción nos adviertes de la primavera y sus pecados.

¿Puedes hablar sin cometer adulterio de marzo en abril? Te han engañado cuando recitabas los versos del calendario lunar. Abril es el mes uno. Es desperezarse y sentir la lluvia fría sobre tu rostro caliente, es tu cara observándome fijamente, es el loco sorbiendo con tenedor, es la postura inadecuada, es un poco el cumpleaños de una vía muerta y a la vez la ilusión de lo provisional.

Abril no es para zanjar, ni para comprometerse a nada. Abril es para comenzar a vivir.




Dié

Sorbetes de limón

Tengo un amigo que es un desastre.

Tengo un amigo que cuando se rasga las rodillas, se levanta, mira hacia atrás unas décimas de segundo y sigue corriendo como si nada. 

Tengo un amigo del cual he pensado siempre que es un inconsciente, un salvaje.

Los desastres de este amigo mio, parecen no afectarle. Es impasible a roturas, rasgaduras y arañazos. No es un tío insensible, ni frío. Le va tanto la melancolía y el drama como a un servidor (por eso somos tan amigos), pero tiene un interruptor de "ya es suficiente" que siempre me ha parecido muy ligero de accionar.

Discutimos a menudo y como es costumbre, él nunca tiene razón. De todos es sabido que la razón la poseo yo, y "yastá". Luego reflexiono, y en mis planes de acción siempre está él y su manía de ponerlo todo patas arriba. 

Nos odiamos muchas veces y al cabo de un tiempo (de años hablamos, incluso), nos encontramos borrachos llorando en la barra de un bar. Si fuéramos novios, mi psicoterapeuta me miraría con cara de desaprobación (que bueno está mi psicoterapeuta).

Pero somos amigos y hemos aprendido que la parte que nos falta a los dos, le sobra al otro y desde pequeños, hemos defendido cómo terratenientes, nuestra personalidad. Esa ha sido la clave de tantos años de amistad. Ser auténticos y fieles a uno mismo.

Pero aunque nos respetamos en la diferencia, nos encanta tirar con nuestra cuerda y sorprendernos siendo a veces el otro: en ocasiones me lanzo cuesta abajo y sin rodilleras; en otras, él se sienta en el pupitre y dibuja un esquema de lo que debe hacer. Y así, la vida es mucho más completa y no necesitas decantarte solo por el sorbete de limón, tiras para el bar de enfrente, y pides ronda de Estrella Galicia.

A mi gran amigo Aitor, que hoy es un poco más viejo (que no maduro).


Dié

La Habitación





¿Qué hago aquí de nuevo? Solo. Cómo en la repetición más burda. Como el disco rallado en la pista más escuchada. No entiendo nada. De repente son las notas ya conocidas las que más me aterran. Y sin embargo, desde esta habitación grande, gigante, brota una especie de hedor a lo de siempre.

Quién insiste en señalarte y gritar lo que tienes que hacer, lo que debes. Cómo tomar decisiones acertadas con tanto ruido, con este olor... 

Bajo la cama está gruñendo el pasado. El reloj de la mesilla, que nunca ha dicho nada, grita también su asfixiante tic tac. Que macabro es el devenir. Imparable. Superficial. Nimio.

Mañana es lunes. Lunes es de nuevo en siete días, y en catorce. Son los lunes los que han matado cualquier atisbo de locura sana. Son ellos y los martes, y los miércoles y cada día con sus impertérritas horas que matan como puñales negros.

¿Qué hago volviendo a elegir? Solo. De la misma manera en que cubres el burocrático sistema de elección de caminos. Una equis en el calendario, con pulso menos firme que hace dos años. Una equis dos años más vieja, cayendo, negra y titubeante sobre febrero.

Como uno a las personas que me sostienen, a través de una pequeña pantalla blanca, malvada y fría. De la misma manera sostengo mis ganas de llorar ubicadas justo justo, entre el esófago y la parte superior de mi garganta. Un fino hilo quebradizo, de cristal quemado, de negros recuerdos.

Sobre la cama se posan los restos de aquellas comidas a domicilio, las astillas de los muebles de Ikea y las fichas de un Monopoly inacabado. Claro que no me gusta perder, porque pierdo constantemente.

En media hora son las doce. Las doce naranjas que se proyectan en la pared, que empañan todo y ruedan como mantras, cuidándome lo justo para no caer por el balcón. Añoro las campanadas eternas, el viento constante y tu risa. Tu simple y llana risa.

Duermo, y el silencio, una vez más, me arropa envenenado. Alguien susurra a mi lado: no dejes que te digan que armas debes usar, porque ambos sabemos, que no podrás elegir, ella te elegirá a ti, para cubrirte de nuevo de barro, para cuidarte de ahí afuera. Duermo...

Dié

Frágil

Ella no era una chica pintada a lo común, no era, desde que fue nacida (porque no nació como todas), una más en el colegio, una más en entre las vecinas. Comía sentada en su silla, que tampoco era de madera, y su boca, como ella misma, era servida, era limpiada y volvía a empezar.

No podía hablar, o eso pensaban los que la conocían, porque hablaba por los codos en toda su diferencia, que no era más común que las hojas que veía caer en el balcón de ese pequeño barrio de las afueras. Temblaba con el paso de los días, porque para su entender eran lentos y fríos, hasta que la arropaban con aquella mantita marrón de la monotonía.

Quería ser como su hermano, quería correr calle arriba hacia su facultad, quería soñar con las amapolas, los crisantemos, los narcisos ¡las flores del cerezo!, diferenciar y clasificar, y estudiar con ahínco cada nota de su olor, su tacto...

Había heredado muchas cosas de sus padres, que pasaban inadvertidas en su particularidad, pero la diosa Pandora se había fijado en sus ojos grandes, que soñaban con los mundos que nunca le fueron enseñados, pero que gracias a esa prohibición vital, eran frescos y suntuosos. 

Sonreía mucho.

Era como si todos viesen la desgracia en ella, pero no encontrasen la esencia de lo que realmente era. Todos menos su hermano, que se despertaba a veces, indómito su pensamiento, deseando sentir lo que ella. Sin salir de su balcón, sin salir de su cuerpo inmóvil. Y llorando por sentirse indigno de sus normales y bellas habilidades, se sentía envidioso de lo que nadie consideraba normal. 

Ella sonreía. Parecía feliz.

Él volvía a dormirse entre sollozos. Mañana despertaría, serviría el desayuno, le limpiaría con suavidad los labios y saldría corriendo hacia el campus, no sin antes echar la vista atrás para ver con cariño, como ella se despide desde el balcón y el viento dice adiós, agitando su manta, agitando sus sueños.






Dié

Sea una vida o sea una hora

Hay veces en que huir de lo sencillo nos vuelve estúpidos. Hay veces que ser cursi es necesario, y días en que dos palabras te cambian el rumbo. Hay veces que tener miedo no es adaptativo, y hay habitaciones oscuras que iluminan.

Hay cometas que no vuelan. Hilos que atan. Silencios que no mueren, autopistas que te pierden. Y después, después estás tú.

Que dices sin decir, que asaltas mis dudas y sonríes a mis miedos. Que cuidas mis pasos sin que me de cuenta, que cortas en el punto exacto, que tocas las notas con precisión matemática, que esperas los tiempos adecuados, que duermes y respiras tranquilo y me duermes con una sonrisa.

Estás tú que no esperas nada esperándolo todo y me enganchas sin darme cuenta. Que te alejas lo justo para tocarme el alma y te acercas lo necesario para besar mis días.

Que me abrazas y sueñas conmigo, durante una vida, o una hora, o lo que demonios tenga que ser.

Gracias, porque contigo soy calma, porque contigo el camino es fácil y es reto a la vez, porque no he tenido que dibujar estratagemas, porque he caído suave y feliz, porque incluso la canción más ñoña, cobra sentido. No necesito más de nada. Salvo que vuelvas.





Dié



Construir

Construir para perdurar, pero tendrá que haber algo más, una forma de mantener vivos los pensamientos pasados, de inventarle lados nuevos a la belleza o una manera de hacer realidad lo increíble, esto pensaba el ruso al contemplar la obra de Zalampernio.





Foto: Playa de Lourido, Poio.
Fulgencio Argüelles - El palacio azul de los ingenieros belgas

Canto


Te canto Carolina pero tarareo Si Llueve en Sevilla. Pienso que "de paso", se han cruzado muchos paisajes abruptos y tanteo tus bosques como quien acaricia el musgo, imaginándose la rugosa arena de la cala de sus pasiones.


En zigzag susurro el invento de un camino, que es recto y sin niebla. Y vuelve a fallarme la memoria cuando intento acordarme de mis trecientos tres fracasos y mis noches de náufrago por Madrid.

Tengo camas que flotan a la deriva y no saben de tus ojos. Tengo pasados orcos y futuros sirena, que no me dejan pensar. Tengo despedidas cosidas al alma y rasguños profundos, sangrantes, que colman de miedo cada domingo tarde, que callan.

Y te tengo a ti. Que eres verdad. Y eres mi vergüenza cuando no consigo avanzar. Y eres las dudas cuando sangro y la esperanza cuando te rasco las entrañas, cuando nos llegamos.


Dié.




O que me vai facer famoso

O que quero que vexas

40

 Cuarenta. Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego. Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bie...