Pallella

 -¡Pallella! ¡Xa estou!

- A ver que che poño o pantalón.

- ¡Non! ¡Aínda vou durmir máis!

- Bueno carallo bueno...

- ¡Xa estou!

- A ver...

- ¡Non non, aínda non!

- ¡¡Ai que carallo Dieghiño!!

- ¡Agora si!

- Non me rompa-la cabeza ¿eh? Veña, que xa está o chocolate a facer. Vai chamar tua nai e aínda estamos así.

Na cociña xa cheira aquel chocolate que fai cunhas tabletas gordas e vermellas, nas que sae un negriño. Salto da cama e vou correndo.

-¿Quéreslle sopas de pan?

-¿Son as do porco?

- Mala chispa te coma... ¡Como van ser as do porco! Acaba que imos soltar ós pitos.

As galiñas durmen ao lado do muiño do millo. Sempre me deixa abrir a portiña pequeña pola que saen. Dame un pouco de medo, porque xa me picou un galo unha vez de pequeno, pero agora xa son maior e a pallella deixame facer a mistura do millo moído, o pan de onte e as sobras da cea da noite.

- Eu ó porco non lle dou. Miro dende atrás. Pero non lle pegues ¿eh? ¡que sempre lle pegas co pau!

- ¡E que este porco ten moito vicio! Vai onda Farruco e máis a Mora, que esperten.

A Pallella ponlle un cacharro de ferro verde ao burro e levámolo ao monte. 

- Ti colle os pauciños pequenos que eses prenden ben. 

- Buff... ¿despóis lévasme ao Picho a comprar un cropán? 

Voltamos á Presa. Eu nun dos lados do cacharro verde e a leña noutro. Ela vai andando, que non se cansa. Eu non sei como non se pode cansar, co cansado que estou eu... Onte fumos a unha misa non sei onde e erguémosnos cando aínda era de noite. Levounos un veciño e vomiteille todo o coche porque era moi lonxe e a min madrugar séntame moi mal. A ela non.

- ¿Que imos comer hoxe Pallella?

- ¿Xa tes fame? ¡Arnéghoche demo! Hoxe hai bacallau que o puxen a desalar onte a noite.

Cando comemos bacalao sempre soa unha radio vella que temos alí enriba colgada. A min paréceme un pouco aburrido porque non entendo nada e sempre é a mesma música as horas en punto. Como xa son maior xa sei as horas, porque a miña madriña regaloume un reloxo de Mickey Mouse orixinal. Sonia díxome que cando non había minutos, dícese "en punto", pero eu penso que "en punto" sempre é, porque os reloxos son exactos.

Pola tarde ven Cora e iremos buscar un tesouro escondido arriba no pozo, pasando polo pazo da morte, que é un sitio cheo de caveiras que atopamos a semana pasada (o nome púxollo Cora, pero seguro que lle dí a tía Isabel que fun eu).  A ver se quere ir, porque como xa hai moras igual facemos o noso zumo especial para vender a xente que veña.

- Dieghiño, ponme ahí Colombo que vai comezar.

- ¿Por qué fala así Colombo, Pallella?

- Porque os detectives falan así, ¿ti coñeces alghún detective?

- Pois non...

Cando me dou conta a Pallella xa está a durmir. ¡E iso que acaba de comezar o Luar! A mín gústame o Luar porque cantan e bailan. Cando a Pallella queda durmida póñome un pouco triste porque boto de menos a mamá, pero despois penso que as pernas da Pallella son máis frescas e prefiro durmir con ela. Ademáis as veces con mamá teño medo se non está papá, pero coa Pallella non, porque ela colle un pau e pode con todos.

Escoítanse as pingas do vertedoiro da cociña retumbar no pasillo. Unha, duas, tres... Penso que a Pallella é moi valente por vivir nunha casa con tantas pantasmas sen ter nada de medo. Arrímome a ela para que me dé o fresquiño na pel e penso que igual mañán atrévome a darlle de comer eu ao porco. Quedo durmido.

Hoxe pensei que empuxar esa caixa ao fondo da eternidade era a única maneira de demostrarche que eu tamén teño un pouquiño da túa valentía. Ti non pesabas Pallella, pero todo o cariño e amor que me deche estes trinta e cinco anos, pesáronme un feixe de millo.

Oense as pingas caer enriba da máscara negra. Unha, duas tres...




Arosa

Insuficiencia colórica

Desenterrar.

Sentir pero al revés, ser la pala que quita el asfalto y no encontrar sentido al prefijo "in". Volvimos a descartar los días de volteretas, aún visitamos columpios pero están sellados.

Prohibido pasar.

Han cerrado los parques, hemos vendido la ilusión al postor del "sin contacto". Las barras de los bares ya no hablan de nuestra historia, al Rastro lo han desinfectado y tu mirada es ya solo ese mismo rastro de lo que era emprender.

Después de un tren, ya no viene otro.

Los coches ya no significan libertad. La costa francesa queda muy lejos y tu pelo grita al viento, pero ya ni los girasoles del sur ni yo lo oímos.

Nunca fui de levante.

Pero ya ni el sur me hace soñar. Quedarse entretelas. Rasgarse los sueños y estar en medio de la luna, dónde solo se ven los temblores color hormigón.

Insuficiencia colórica.

Estar pálido de sensaciones. Volver a lamer puertas marrones solo por adquirir color. ¿Grados? treinta y siete. Y la ansiedad clavándote los dientes, y el miedo. El puto miedo.

Arosa





Premoniciones sobre cuatro ruedas



La madrugada del 20 diciembre, Webster explotó en medio de una calle lluviosa de Madrid y a partir de ahí todo fue un poco cuesta abajo...

Quizá por mi cultura galaica o simplemente porque me gusta creer en la magia, bajo la lluvia, observando lo que quedaba de mi coche, no pude evitar sentir un escalofrío esa noche. Algo ya no pintaba bien el día anterior, y efectivamente, los siguientes fueron una serie de catastróficas desdichas, propios de un mal cuento de Navidad.

La historia de mi vida reciente siempre ha ido muy ligada a mis coches. No es casualidad que a todos les haya puesto nombre: desde Rizo, pasando por Sonic y ahora con Webster. Puede que tenga predilección por el hecho de poseer un coche, pero lo que he sentido siempre con este objeto de colección mundana, es el perfecto alineamiento con valores que son esenciales para mi: libertad y autonomía. 

Para un chico de pueblo con una historia familiar como la mía, tener algo en lo que huir ha sido un sueño desde siempre... ¡Como no enamorarse entonces cuando la idea se convierte en palpable! Webster ha sido para mi, igual que los anteriores, un objeto inanimado cobrando vida en mis aventuras y desventuras, mi compañero de viajes, el ansiado caballo blanco.

Con mi viejo amigo en el taller, destrozado por las llamas, llegó una pandemia mundial para aislarme todavía más y azotarnos a todos. Muchas veces he pensado en él, frío, roto, lleno de cables, en una nave paralizada por el estado de alarma. ¿Acaso entonces no era de nuevo una premonición de lo que estaba por venir?

Hoy, seis meses después, el mismo día que los muertos por Coronavirus en España alcanzan la esperada cifra de cero, me han llamado del taller para decirme que Webster ya ha salido de su particular ingreso. Ya sé que es solo un coche, y que exagero cuando digo que lo echo mucho de menos, pero de nuevo, ha vuelto justo para "desescalar" con nosotros esta pesadilla. 

Su primer viaje será el jueves, curiosamente para llevarnos a Colmenar, dónde van a hacernos las pruebas rápidas del Covid19. Son justo las 20.00 ahora, los aplausos se han intensificado por esa buena noticia de cero fallecimientos y yo estoy seguro de que a pesar de ser lunes, las cosas van a ir por fin un poquito mejor. Bienvenido a casa.

Arosa.

Llegar a puerto


Suena el mar tranquilo cuando te sabes en el rumbo correcto. Y es como cuando subes en una de esas atracciones de agua, en las que lo raíles van sumergidos, y no sabes por dónde vas, pero vas.

Estoy en el dique seco esperando a ser lanzado a una nueva aventura, que empezó hace años como el proyecto de algo que nunca sería, como la serie sin presupuesto que compra finalmente Netflix.

Soy el barco sin ancla, el marinero sin espera, la lonja un lunes por la noche. Y siento un miedo muy diferente a los miedos de antaño. Es un miedo agarrado bien fuerte a la balaustrada que separa el paseo marítimo del mar en calma. Oteando la tierra que queda atrás y lanzándome al mar que nunca se ha parecido tanto a un cemento amable y gris.

Dejo la pradera que siempre he querido habitar por el mar de asfalto al que prometí volver solo por UNA razón. Y esa razón, que siempre he imaginado empujándome, me sonríe al otro lado de la A6. Madrid me sopla con brisa marina, y ya estoy arriando las velas, preparado para las tormentas perfectas que espero vivir a tu vera.



Arosa

La cuadratura de la rutina

Y como cada mañana la rutina me acompañaba en cada minuto del despertador, anticipándome ya a ese semáforo que siempre me encuentro en rojo, ese "coruño" que coge mal la rotonda o el Día dónde aparco porque no encuentro sitio delante de la Central del Juego.

Y hoy me paré justo en el rellano del segundo, y me imaginé tus rutinas (las que no tienen que ver conmigo claro...) y miré por la ventana:

La colmena.




Todos con sus movimientos sistemáticos. La señora del cuarto que tiene una bata rosa y prepara el desayuno mirando al vacío. El tio que siempre se cambia en el cuarto de la lavadora sea verano o invierno, y esos niños que se llaman por la ventana para quedar en el portal e ir al colegio.

De pronto mi cámara hace clic y veo salir de mi frente una de esas ventanitas. Parece que alguien quiere decirme que está saliendo de la rutina y se ha montado su pequeña cabaña en mi cabeza.

Y pienso de nuevo en como preparas el desayuno, con esa disposición milimétrica de la fruta y entonces me doy cuenta de que solo pensando en eso, he roto mi rutina mañanera y he sonreído antes del primer café. 

Bajo un par de pisos más. No me das los buenos días porque eres un poco despreocupado. Pero sin darte cuenta ya has conseguido la cuadratura del círculo: romper mi rutina sin hacer nada.

Arosa.

Diciembre

Puede que este haya sido el año que más cambios ha traído nunca a mi vida. Puede que los profetas ya escribiesen en sus libros que el 2018 sería un año para recordar, para dejar de soñar y cumplir viejas promesas y antiguos deseos. Puede también que algunos de esos deseos cumplidos no hayan sido tan increíbles como esperaba pero las realidades que me han traído han sido y son suficientemente intensas como para ser recordadas hasta la saciedad:

Mi mejor amiga se ha prometido con el amor de su vida, y el relato de su boda será digno de escribirse sobre las tablas de la más bella serendipia. 

Mi padre se ha casado en el casino dónde trabajo y mi madre ha vuelto a reunir a todos los primos en su segundo día nupcial. Y es que después de un tren, puede venir otro.

He vuelto a la que pensaba que era la ciudad de mis sueños, y con un nuevo trabajo y una nueva vida me he plantado en Coruña, que aunque me está diciendo bastante menos de lo que esperaba, ha sido un cambio importante de rumbo.

Pero lo mejor que me ha traído este año, ha sido la posibilidad de abrazar sin remordimientos y sin fin. De amar sin miedo al compromiso, de entender, de dejar de despedirme en angustiosos besos imaginados. Me ha traído la posibilidad de dejar de recibir tus postales y de que por fin, este diciembre, pueda besarte antes de las uvas, sin deseos escondidos en campanadas, sin sentirme culpable por pensarte en los cuartos y sobre todo volviendo a ti pero quedándome, para besarte también en el primer minuto del resto de nuestras vidas juntos.

Diego



¿Me quieres?




Ahora si yo te pregunto "¿juegas?" ya no podrás decirme "solo" porque no sabré si te refieres a que quieres jugar solo o a que te apetece mucho porque lo único que haces es jugar. Imagínate si cambiamos la pregunta por "¿me quieres?".

Hermes. 15 de noviembre de 2010

O que me vai facer famoso

O que quero que vexas

40

 Cuarenta. Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego. Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bie...