
Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
Gabriel García Marquez

Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.
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Cuarenta. Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego. Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bie...
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