A + B = C

Enamorarse de una ciudad no es más que haberse enamorado de uno de sus habitantes y dejarse envolver por la recurrida metonimia.

Si te enamoras de un habitante, sueles querer habitar cerca, al lado, en su casa. Es lo normal.

Si vives lejos, decides, eliges, planeas. Nunca dejas el destino al libre albedrío, cuestionas los raíles. Luchas, en definitiva.

Si la receta no sale como esperábamos, lo ideal sería volver a intentarlo, un par de veces más, no abusar. Y finalmente, desistir.

Enamorarse de alguien es claro e inequívoco. Si no es así, pasado un tiempo, debes dejar marchar al no objeto de ese sentimiento. Blanco y en botella.

Todo lo que se escapa a este A + B es cuanto menos, improcedente. Alimentar nuestro ego, confundir dependencia, amistad o amor, utilizar la distancia como arma arrojadiza, o jugar al pica-pica, no debiera ser estrategia a seguir.

Pero a veces lo es. Y la C, tan clara para algunos, se transforma en valores numéricos, letras griegas y epopeyas fariseas.

Ante eso. Solo nos queda la ira, y aliarnos con nuestra enemiga distancia, que como el tiempo, todo lo cura.


Die

Castellanos de Castilla


Castellanos de Castilla,
tratade ben ós galegos;
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros.

Cando foi, iba sorrindo,
cando ven, viña morrendo;
a luciña dos meus ollos,
o amantiño do meu peito

Aquel máis que neve branco,
aquel de dozuras cheo,
aquel por quen eu vivía
e sen quen vivir non quero.
Foi a Castilla por pan
e saramagos lle deron;
déronlle fel por bebida.
peniñas por alimento.

Déronlle, en fin, canto amargo
ten a vida no seu seo…
¡Casteláns, casteláns,
tendes corazón de fero!

¡Ai!, no meu corazonciño
xa non pode haber contento,
que está de dolor ferido,
que está de loito cuberto.

Morreu aquel que eu quería
e para min non hai consolo:
so hai para min, Castilla,
a mala lei que che teño.

Permita Deus, casteláns,
casteláns que aborrezo,
que antes os galegos morran
que ir a pedirvos sustento.

Pois tan mal corazón tendes,
secos fillos do deserto,
que se amargo pan vos gañan,
dádesllo envolto en venero.

Aló van, malpocadiños,
todos de esperanzas cheos,
e volven, ¡ai!, sen ventura
cun caudal de desprezos.

Van probes e tornan probes,
van sans e tornan enfermos,
que anque eles son como rosas,
tratádelos como negros.

¡Casteláns de Castela,
tendes corazón de aceiro,
alma coma as penas dura,
e sen entrañas o peito!

En tros de palla sentados,
sen fundamentos, soberbios,
pensas que os nosos filliños
para servirvos naceron.

E nunca tan torpe idea,
tan criminal pensamento
coubo en máis fatuas cabezas
ni en máis fatuos sentimentos.

Que Castela e Casteláns,
todos nun montón, a eito,
non valen o que unha herbiña
destes nosos campos frescos.

Só pezoñosas charcas
detidas no ardente solo
tes, Castela, que humedezan
eses teus labios sedentos.

Que o mar deixoute esquecida
e lonxe de ti correron
as brandas augas que traen
de plantas sen sementeiros.

Nin árbores que dean sombra,
nin sombra que preste alento…
Chaira e sempre chaira,
deserto e sempre deserto…

Esto che tocou, coitada,
por herdanza no universo,
¡miserable fanfurriñeira!,
triste herdanza foi por certo.

En verdade non hai, Castela,
nada coma ti tan feo,
que aínda mellor que Castela
valera dicir inferno.

¿Por que aló fuches, meu ben?
¡Nunca tal houberas feito!
¡Trocar campiños floridos
por tristes campos sen rego!

¡Trocar tan claras fontiñas,
ríos tan murmuradores
por seco polbo que nunca
mollan as bágoas do ceo!

Mais, ¡ai!, de onda min te fuches
sen dó do meu sentimento,
e aló a vida che quitaron ,
aló a mortiña che deron.

Morriches, meu queridiño,
e para min non hai consolo,
que onde antes te vía, agora,
xa solo unta tomba vexo.

Triste como a mesma noite,
farto de dolor o peito,
pídolle a Deus que me mate,
porque xa vivir non quero.

Mais en tanto non me mata,
casteláns que aborrezo,
hei, para vergonza,
heivos de cantar xemendo:
¡Casteláns de Castela,
tratade ben ós galegos:
cando van, van como rosas;
cando vén, vén como negros!

Rosalía de Castro

El barco







Creo en los nuevos talentos, en la gente bajita, en las sonrisas sinceras. Me gusta la gente que no trabaja por dinero, que tiene la ilusión de hacerlo mejor, de ocupar su tiempo, de pilotar su propia vida.

Admiro a los marineros que hacen de patrón (bajito, sin que se les note). A las damiselas que salvan al caballero en apuros. Adoro el ingenio, la chispa, la gente habladora.

Confío en la fuerza de los jóvenes, de nosotros, de la sangre fresca. Al mal tiempo buena cara y a palabras necias oídos sordos.

Me apasionan los apasionados, los luchadores, los imaginativos. Las personas que dan pasitos, pasitos de gigantes. A los que no reparan en su sombra, simplemente miran hacia delante.

Son esas personas las que levantarán de nuevo el mundo, con su fuerza, vitalidad y compañerismo. Son ellas las que perduran en las empresas, las administraciones públicas, las escuelas, los hospitales, tú vida.

Las personas que anteponen su humanidad, sus ambiciones personales, al capital, las presiones superiores o cualquier otra forma de esclavitud.

Por eso sé, que en la libertad de trabajar por que quieres, reside el futuro de este mundo y cuando te encuentras a alguien en el camino que así lo hace, a pesar de la tormenta, te reverencias, y no le deseas nada, porque sabes que logrará ser quién quiera.

Os echaré de menos Nuria, Aurora, Belén. Gracias por convertir este proyecto, esta barquita, en el galeón que ahora mismo es. Que si se hunde,no sea por las tormentas que hemos capeado, sino por la incompetencia del capitán, que no ha sabido virar a tiempo.

Dié.

A rutina do tempo libre



Voltan dos seus traballos. Abatidos, cansos, grises.

Non hai campo nas ventás, non hai ceo, non hai mar que os faga soñar despertos. Refrexos das súas facianas quedas. Extraños alleos ás vidas dos demáis usuarios. Ancorados todos e todas a súa melodía, ás súas notas ó seu mundo. Non falan, non pestanexan. Non cruzan miradas. Soamente se desprazan.

Seguinte estación... Coma se dunha centella se tratáse, apartan con dor a man que toca outra man.

- Perdón.

Ninguén mira, ninguen escoita nada. Soa Yann Tiersen nas orellas, abren as portas, suben escaleiras, chegan a casa.

Volta a comezar.

Martes.

Voltan dos seus traballos...


Dié

Almendras


Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.


Gabriel García Marquez

Federico según Lorca, Granada



No hay fronteras entre la muerte y la pasión, es todo uno, es la garra que atraviesa tu garganta cuando el zarpazo de la pasión muerta sigue siendo fuerte. Cuando no se apaga el fuego que mata, pero calienta. Cuando nos damos cabezazos contra esa Tapia negra, de la que no hay salida apoyando la mano, que es vida, contra el cemento que quema.

La única diferencia entre eso y estar muertos, es que a nosotros todavía nos duele el sol sobre las frentes, todavía nos quema la piel al roce, todavía somos norte o sur, pasión de vivos, pasión de muertos. Pasión.

Dié.

Lineas


Infranqueable, me decía. El pie sigiloso que toca el color blanco sobre la pista de baile. Coqueteo con la idea de hacer justo lo contrario, y salir corriendo hacia charcos de pintura blanca.

Tan recta, tan perfecta y pintada, marcando siempre las fronteras. Ese blanco nuclear que quema. Tan lisa y potente y a la vez tan invisible. Sobre ella el cristal de lo correcto, impermeable, higiénico y perfecto. Los vahos de nuestras bocas caen derretidos en el vidrio, dejando restos de deseos impedidos.

Abro las palmas de mis manos y apoyo sobre las tuyas mi cara de frío vitreo muro. Me miras desde lejos y gritas pero no te oigo. Escucho la brocha blanca abanicando cada huella en el suelo. Bailo. Tonteo con el dibujo de tu frontera, casi casi cayéndome encima. Ni siquiera imagino hacerlo, es la linea, ella manda, y tu solo obedeces, finges ser bueno.

Ebrio alzo mi mano y baja poco a poco hasta tu espacio. Ni sol, ni luna. Ni A ni B. Ni blanco ni negro. Se pegan mis suelas en la pintura y una luz roja inunda el local. Tus mejillas blancas se tornan moradas, un poco por la iluminación, un poco por el alcohol. Nadie dice "para", la linea borrosa, desconchada, es más bien discontinua. Cae la noche fundida en eclipse, en C, en gris intenso. Vuelan sin permiso las hadas consecuencia y caen piedras de lo presente. Se derrumba el local, cruzo miradas, cierro los ojos...


... salto la linea.

Dié

O que me vai facer famoso

O que quero que vexas

40

 Cuarenta. Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego. Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bie...