La cuadratura de la rutina

Y como cada mañana la rutina me acompañaba en cada minuto del despertador, anticipándome ya a ese semáforo que siempre me encuentro en rojo, ese "coruño" que coge mal la rotonda o el Día dónde aparco porque no encuentro sitio delante de la Central del Juego.

Y hoy me paré justo en el rellano del segundo, y me imaginé tus rutinas (las que no tienen que ver conmigo claro...) y miré por la ventana:

La colmena.




Todos con sus movimientos sistemáticos. La señora del cuarto que tiene una bata rosa y prepara el desayuno mirando al vacío. El tio que siempre se cambia en el cuarto de la lavadora sea verano o invierno, y esos niños que se llaman por la ventana para quedar en el portal e ir al colegio.

De pronto mi cámara hace clic y veo salir de mi frente una de esas ventanitas. Parece que alguien quiere decirme que está saliendo de la rutina y se ha montado su pequeña cabaña en mi cabeza.

Y pienso de nuevo en como preparas el desayuno, con esa disposición milimétrica de la fruta y entonces me doy cuenta de que solo pensando en eso, he roto mi rutina mañanera y he sonreído antes del primer café. 

Bajo un par de pisos más. No me das los buenos días porque eres un poco despreocupado. Pero sin darte cuenta ya has conseguido la cuadratura del círculo: romper mi rutina sin hacer nada.

Arosa.

Diciembre

Puede que este haya sido el año que más cambios ha traído nunca a mi vida. Puede que los profetas ya escribiesen en sus libros que el 2018 sería un año para recordar, para dejar de soñar y cumplir viejas promesas y antiguos deseos. Puede también que algunos de esos deseos cumplidos no hayan sido tan increíbles como esperaba pero las realidades que me han traído han sido y son suficientemente intensas como para ser recordadas hasta la saciedad:

Mi mejor amiga se ha prometido con el amor de su vida, y el relato de su boda será digno de escribirse sobre las tablas de la más bella serendipia. 

Mi padre se ha casado en el casino dónde trabajo y mi madre ha vuelto a reunir a todos los primos en su segundo día nupcial. Y es que después de un tren, puede venir otro.

He vuelto a la que pensaba que era la ciudad de mis sueños, y con un nuevo trabajo y una nueva vida me he plantado en Coruña, que aunque me está diciendo bastante menos de lo que esperaba, ha sido un cambio importante de rumbo.

Pero lo mejor que me ha traído este año, ha sido la posibilidad de abrazar sin remordimientos y sin fin. De amar sin miedo al compromiso, de entender, de dejar de despedirme en angustiosos besos imaginados. Me ha traído la posibilidad de dejar de recibir tus postales y de que por fin, este diciembre, pueda besarte antes de las uvas, sin deseos escondidos en campanadas, sin sentirme culpable por pensarte en los cuartos y sobre todo volviendo a ti pero quedándome, para besarte también en el primer minuto del resto de nuestras vidas juntos.

Diego



¿Me quieres?




Ahora si yo te pregunto "¿juegas?" ya no podrás decirme "solo" porque no sabré si te refieres a que quieres jugar solo o a que te apetece mucho porque lo único que haces es jugar. Imagínate si cambiamos la pregunta por "¿me quieres?".

Hermes. 15 de noviembre de 2010

CIEN

He tenido que escribir CIEN veces CIEN que no he escupido tantas palabras por nadie como por ti.
Hasta esta última casualidad que es abrir mi libro por la centésima parte de la historia, me grita que no he conocido nunca a nadie como tú.

Que no consigo odiarte de las ganas que te tengo y que son CIEN las hostias que volvería a darme en esta eterna serendipia que es tenerte cerca y lejos al mismo tiempo.

Son CIEN las canciones que suenan a la vez cuando hasta el agua de la ducha me recuerda aquella noche. Y CIEN son las ganas de caerme por el barranco de tus palabras habitadas, que son pocas pero repletas.

Quiero ser el verbo de tus años 90, el cromo que nunca hemos tenido, el Tamagotchi que perdí en dos mil cinco. Quiero ser tu Capitán Planeta, tu Bollicao en la merienda, y en la cena, y en el desayuno.

Quiero ser tu Cadena CIEN, las CIEN pesetas de tu bolsillo, las CIEN veces que he soñado con darte las CIEN caricias diarias que te mereces.

CIEN.

Resultado de imagen de tamagotchi

Diego

El huracán





[17:42, 1/9/2018] Alex Sanchez: Las personas huracán
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: te llevan bien alto,
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: pero luego caes
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: y quedas aturdido por el meneo
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: y claro, duele.
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: Pero un huracán es un huracán.
[17:43, 1/9/2018] Alex Sanchez: Nadie dice que no a un huracán... al menos una vez.

Álex Sánchez

Microhistoria


Pensé en gastar mis yemas tecleando algo largo y terapéutico como tu sexo.

Pensé en pasar la tarde de domingo borrando mis huellas dactilares arañando las paredes.

Entonces recordé que necesito mis dedos para garabatear tu espalda...

Fin.

Diego.


Every day is Christmas


Cuando era pequeño...

Cuando era pequeño mi padre solía poner villancicos en nuestra "maxi" cadena musical. Era tal la incomprensible rabia en mi, que recuerdo hasta golpear el aparato mientras mi padre sonreía.
Quién me conozca hoy en día, quizá no se crea este recurrente recuerdo navideño. ¿Por qué?

Porque he tenido la suerte, de tener a mi lado "pocos" pero importantes elfos que amaban la Navidad, y con los que, especialmente uno, aprendí a ver "el nacimiento" con otros ojos. 

La Navidad no es solo consumismo, perfumes caros y luces (bueno, luces si). Es ese momento del año en el que lo irremediablemente naif, se hace con nuestras oscuras tardes de invierno, y  en el que tus vanagloriados amigos hablan de beber vino caliente y de lo mucho que odian las reuniones familiares.

La familia no es imprescindible en Navidad. No hace falta cenar en casa en Nochebuena. Yo lo he probado y es algo tan mágico como el vino caliente. No tienes que regalar nada si no quieres. Y las luces... bueno, las luces no son opción, van irremediablemente con las noches oscuras de Navidad.

Mis fiestas a los treinta y uno, son de buen vino, queso, villancicos rancios de Mariah Carey y amigos grinch que sonríen cuando ven como miro mi abeto lila de Navidad con ilusión infantil. Y jersey hortera, y muchos complementos, y abrazos.

He tenido amor en Navidad, y solo me permito utilizar esa palabra abiertamente en estas fechas. He abierto regalos bajo el árbol mientras comía bombones, he conocido la tranquilidad de un salón iluminado y las noches de reyes, tonteando contigo en la barra de un bar. He celebrado fines de año anti-familia con mi burrita catalana y he ido a comer al Foster Hollywood con el niño Adrián, mi hermano. 

Pero si las disfruto tanto, es porque sin duda sé lo que es pasar un diciembre negro bajo los fríos gritos de una casa nada, nada navideña. Y es por eso que ahora que he construido mi particular retiro festivo, dónde la amistad, la solidaridad, el amor, la bondad (y las luces) reinan, adoro todo lo que rodea a esta tradición, a mi tradición.

Y decir que el espíritu navideño debería estar presente todo el año, es como quitar un libro a un niño el primer día que comienza a leer. 

Por eso mañana, volveré a abrir el baúl de mis antiguas fiestas de Navidad, y bailaré encima del sofá cualquier mierda de Michael Bublé, con una copa deloqueseaperomuynavideña en la mano, mientras disfruto de la familia que en ese instante elija. Pondré después los villancicos de mi padre, y golpearé con fuerza al Caga Tio mientras todos sonreímos. Los que estamos, y los que no.


Dié



O que me vai facer famoso

O que quero que vexas

40

 Cuarenta. Nada era tan importante, nada era tan grave, pero todo es necesario Diego. Puedo decirte desde aquí que lo estás haciendo muy bie...